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| Franz Kafka y lo real maravilloso de nuestro Caribe |
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| Escrito por Moraima Díaz | |||||||
| Lunes 23 de Junio de 2008 11:23 | |||||||
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Esta reflexión viene a colación por algo que me ocurrió el pasado día 19 cuando junto a más de 400 compatriotas madrugamos para legalizar documentos o solicitar antecedentes judiciales en las dependencias habilitadas por la Procuraduría General de la República, en la sede del Correo Dominicano. Comencemos con las buenas prácticas porque las malas vendrán después. Buenas prácticas: el tener un personal que informe a los usuarios en que fila deben de estar, revisar los documentos para detectar a tiempo que estén correctos y que el procedimiento a solicitar sea el válido para el trámite que el ciudadano requiere, así como la amabilidad y la paciencia asiática del personal que le tiene que dar la cara a la ciudadanía ante la ineficiencia del sistema. Malas prácticas la poca previsión. No se abre el servicio en el horario correspondiente por falta de sellos, generando desde muy temprano, la angustia y presión ciudadana ante el mal servicio. Y lo primero que usted se pregunta es; ¿cómo va hacer? Pues la base de esa institución son los sellos, por los cobran impuestos? Vinieron los sellos cerca de las 9 de la mañana, entonces a las 9.30 a.m. se frisó el sistema y se nos informa que el servicio no se reiniciaría hasta media hora después. Otra disculpa a la ciudadanía y por supuesto se exteriorizaron todas las sensaciones buenas y malas de nuestro sincretismo cultural. Fue entonces que me llené de paciencia y me dije - esto es una buena experiencia de las tantas que has tenido - y comencé a gozar de mi sentido de pertenencia a esta región del orbe. Como caribeños al fin, y ante la disyuntiva de tener que esperar, pues nos no quedaba de otra, nos dedicamos a ejercitarnos como ciudadanos. Se conformaron grupos heterogéneos de “debate y reflexión” conformados por la diversidad de origen y niveles culturales, por supuesto de acuerdo a nuestros lugares correspondientes en la fila por lo que los hacían más aleatorios hablando en términos de la investigación social. En ellos se debatió de todo y se trató de arreglar el mundo con el sazón, aportado como siempre, por nuestro típico caribeño que pone al mal tiempo buena cara y nos hace reír de nuestra desgracia, con sus chistes reflexivos y su amor a la vida, y que por suerte Dios dispuso que fuera parte de nuestra ideosincracia. En este caso este ciudadano responde al nombre de Charles, quién enseguida se ganó el premio de la popularidad y el coro de los jóvenes. Algunas de las reflexiones más serias debatidas en ese foro ciudadano, al margen de la chercha: -El impuesto cobrado a los documentos es elevado para el ineficiente servicio que prestan y el “pique” y maltrato ciudadano que generan (en esos trámites los ciudadanos que asistimos el día 19 en la mañana perdimos 4 horas). -El mal servicio favorece el florecimiento de la empresa VIP paralela de los buscones, con todo lo que conlleva en materia de corrupción institucional. -La mayoría de los jóvenes estaban allí legalizando documentos en función de alcanzar una “visa para un sueño”, pues el país no es opción. -La delincuencia nunca se va acabar porque no se le da oportunidad de reinserción social real a los que cometieron algún delito y cumplieron su sanción, con la solicitud indiscriminada de los antecedentes judiciales por parte de los empleadores. -El desempleo tampoco, pues si usted no tiene ni para comer menos tendrá para pagar el documento de no antecedentes judiciales requerido por los empleadores y el transporte de ida y vuelta para el trámite. -La necesidad de ejercer nuestro derecho ciudadano a un tratamiento digno y eficiente, en consonancia con los impuestos que pagamos para que funcione el Estado. Sacamos por conclusión que el ciudadano tiene a aprender a quererse como individuo y como grupo social para que sea revalorizado como el interés principal de la nación. Al final fue una jornada productiva en la cual establecimos comunicación e intercambiamos nuestros pareceres, sin las barreras de las clases sociales ni de formación profesional, lo cual nos hizo sentirnos más humanos y reflexionar que es en el espacio que nos da lo público donde se construye ciudadanía responsable y se toma consciencia, parafraseando a Alejo Carpentier, de lo real maravilloso que es el reino de este mundo donde nacimos y al que hay que mejorar.
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